lunes, 3 de octubre de 2011

En vísperas de que el Perú celebrara nuevas elecciones, que a la luz de todos los análisis y pronósticos llevarían al poder al Partido Aprista Peruano, se produjo el cuartelazo del 3 de octubre de 1968 que depuso al presidente Fernando Belaunde Terry y lo reemplazó por una junta militar que tuvo a la cabeza al general Juan Velasco Alvarado. He aquí un fragmento de la crónica y el análisis -a 43 años de distancia- de ese decisivo acontecimiento del Perú del siglo XX que forma parte del proyecto de un libro que su autor desarrolla actualmente.

El Perú de Velasco


por Juan Carlos Lázaro

Para una conciencia libre y democrática, nada justifica que el general Velasco haya accedido al poder mediante un golpe de estado, aunque, a la distancia del tiempo, aquel se revele como un punto de inflexión -el más profundo y trascendente acaso- en la historia del Perú del siglo XX. En frase que se atribuye al notable historiador Jorge Basadre, antes y después de la experiencia velasquista el Perú no era ni volvería a ser el mismo. Motejada de socialista, la dictadura militar en su primera fase fue la más seria tentativa por reivindicar en sus derechos a los trabajadores del campo y la ciudad y acercar a las diferentes culturas, naciones y razas que conforman el Perú. También liquidó a la vieja oligarquía latifundista y, de otro lado, echó las bases para el surgimiento de nuevos ricos en los sectores de la industria y las finanzas –que hoy lideran la economía peruana- como parte de su proyecto modernizador. Sin embargo, en su pasivo debe anotarse principalmente la supresión de las libertades públicas –empezando por la libertad de prensa que implicó la extrema medida de incautar los diarios a sus propietarios-, así como la quiebra de las finanzas del Estado y un enorme endeudamiento externo, resultado de su visión autoritaria, populista y demagógica. El golpe fue apoyado por la izquierda estalinista, o sea la del Partido Comunista Peruano. La llamada “nueva izquierda”, en cambio, de signo maoísta y trotskista, la enfrentó y combatió desde la primera hora. El maoísmo identificó equívocamente a la dictadura con el fascismo, en tanto que el trotskismo, con más acierto, la caracterizó como un régimen bonapartista, lo que significaba que sus afanes socializantes y reformistas empezaban y terminaban en un caudillo. El Apra le dio la estocada final. Y los partidos de la derecha, en cambio, brillaron por su ausencia en la lucha contra la dictadura, aunque después se llevaron en bandeja los frutos cosechados por aquellos.
3 de octubre de 1968
La madrugada del 3 de octubre de 1968, un puñado de soldados del ejército peruano desplazó una columna de tanques del cuartel de la División Blindada hacia el Palacio de Gobierno, en el corazón del centro histórico de Lima, y concretó el propósito de arrancar del poder al presidente Fernando Belaunde Terry, elegido mediante elección popular hacía cinco años y ahora en vísperas de convocar a nuevas elecciones.
En el momento del golpe –cuatro de la madrugada aproximadamente-, Belaunde pernoctaba en la residencia del Palacio, en la parte posterior de este edificio de arquitectura neobarroca, después de un agitado día en el que había tomado juramento a su enésimo gabinete ministerial encabezado por el millonario coleccionista Miguel Mujica Gallo. Al ser avisado de la asonada por sus colaboradores, intentó comunicarse con su ministro de guerra para rechazar a los golpistas, incluso opuso algunos gestos de resistencia ante ellos, pero fue reducido por los soldados y horas después deportado a Argentina en un jet de Aerolíneas Peruanas.
Al amanecer, una multitud de curiosos se agolpaba en la plaza de armas de Lima, frente a la sede del gobierno, la cual se veía rodeada de macizos tanques y de soldados con sus armas en ristre. Unas cuadras más allá, los tanques también bloquearon los accesos a la sede del Congreso, cuyas puertas fueron puestas bajo candado. No sucedió lo mismo –al menos en ese momento- con el edificio del Poder Judicial. Un pequeño grupo de militantes de Acción Popular, el partido del depuesto presidente Belaunde, inició una marcha de protesta por la avenida La Colmena, rumbo a la plaza San Martín. Más beligerantes fueron los estudiantes de la universidad Federico Villarreal, entonces bastión de la juventud aprista, que también protestaron en la avenida La Colmena y otros puntos de la ciudad. Contra ellos la Guardia de Asalto y el carro rompe-manifestaciones no cesaron de blandir sus varas y de arrojar agua entintada, además de efectuar algunos disparos de bala al aire. Hubo varios heridos. Mientras tanto, los rumores sobre el golpe, los golpistas y los golpeados atravesaban la ciudad en sus cuatro puntos cardinales.
Se trataba de un cuartelazo de alguna manera anunciado y previsto a partir del escándalo de la llamada “Página once” que en esos días copaba las primeras planas de los diarios y encendía los debates en la tribuna parlamentaria. El escándalo estalló cuando el presidente de la Empresa Petrolera Fiscal (EPF), Carlos Loret de Mola, denunció que había sido sustraída la última página –la once- del contrato que en esos días acababan de firmar la empresa estatal -que él representaba- con la International Petroleum Company (IPC), subsidiaria de la poderosa Standard Oil, de New Jersey, propiedad de la familia Rockefeller. La página extraviada, según la denuncia de Loret de Mola, contenía una serie de cláusulas adicionales del contrato firmado con la IPC, sobre todo los precios del crudo que la empresa norteamericana debía pagar a la empresa estatal. Su desaparición o sustracción solo podía beneficiar a la expresa extranjera. Los ministros belaundistas negaron la existencia de esa página, juraron que nunca existió. En 1978, sin embargo, Belaunde retornó al país de un exilio de 10 años. Entonces se presentó en televisión como invitado de un programa político que conducía el joven periodista Alfredo Barnechea, quien le preguntó a boca de jarro: “Arquitecto Belaunde, ¿dónde está la página once?”. “En el Poder Judicial…”, fue la automática respuesta del entrevistado. Lo cierto es que la página once nunca apareció...
La conspiración de los coroneles
Hay testimonios fehacientes que indican que el golpe que derrocó al presidente Belaunde fue el resultado de un proyecto revolucionario, tramado al comienzo por un grupo de coroneles del ejército peruano, que conspiraron durante un año aproximadamente. El principal motivo que inspiraba sus propósitos era el de cerrarle el camino al poder al Apra y a su líder, Víctor Raúl Haya de la Torre, cuyo triunfo en las próximas elecciones presidenciales era anunciado por la mayoría de líderes de opinión. El segundo motivo, que serviría de justificación del primero, consistía en promover un movimiento de recuperación de la soberanía nacional que el Apra y otros gobiernos civiles no habían conseguido llevar a cabo a pesar de sus constantes promesas ante el clamor ciudadano. El escándalo de la “página once”, que había estallado en la prensa y en el Congreso, aparecía así como el detonante (o pretexto) perfecto para la insurgencia de los cuarteles.
El líder de los coroneles conspiradores era Jorge Fernández Maldonado. Entre los primeros estuvieron sus compañeros de armas Rafael Hoyos Rubio, Leonidas Rodríguez Figueroa y Luis Gallegos Venero. Otros se sumarían posteriormente. Pero su más importante logro en esta etapa fue ganar para sus propósitos al general Juan Velasco Alvarado, un “divisionario”, presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y, al decir de uno de sus más cercanos colaboradores, asiduo lector de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui
La mayoría de estos coroneles, de extracción provinciana, había estado al mando de las tropas que combatieron y destruyeron a las guerrillas castristas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1965. Estas guerrillas, integradas por intelectuales y estudiantes marxistas que habían renunciado a su militancia en las filas del Apra y del Partido Comunista, a cuyos dirigentes acusaron de traición, proclamaban una revolución que reivindicara principalmente a los cuatro millones de campesinos que vivían en condiciones de siervos en el ande peruano.
Exasperaba a estos militares la frustración de las promesas incumplidas del presidente Belaunde, líder del partido Acción Popular, quien había accedido al poder en 1963 tras el veto impuesto por las Fuerzas Armadas a Víctor Raúl Haya de la Torre, el candidato del Partido Aprista Peruano (PAP). Un año antes, Haya de la Torre había obtenido la primera votación, aunque no la mayoría, en comicios que fueron anulados por el primer golpe institucional de las tres ramas militares (ejército, marina y aviación), cuyo breve y transitorio gobierno convocó a nuevas elecciones.
Las promesas de Belaunde incluían la reforma agraria y la recuperación de los yacimientos petroleros de la Brea y Pariñas, entre otras urgentes reformas, a ejecutarse en un plazo no mayor a los primeros 90 días de su gobierno. Otro motivo de la crítica de los militares  era la alianza parlamentaria contra natura entre el PAP, de neta raigambre y composición popular, con la oligárquica y fascista Unión Nacional Odriísta (UNO), encargada precisamente de bloquear las iniciativas del Ejecutivo...

 

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cancelación de concesiones
en Apurímac

Aunque no compartimos plenamente los conceptos vertidos por el colega Tankar Rau-Rau Amaru en el siguiente artículo, le damos espacio en Hechos & Argumentos porque consideramos que plantea un tema de actualidad, de gran interés y que, sobre todo, merece debatirse. Le agradecemos por confiar en nuestra tribuna.

Por Tankar Rau-Rau Amaru

En otro tiempo las mejores tierras de Apurímac se encontraban en manos de los hacendados, amos y señores de tierras, animales y personas. “Sus haciendas” nacieron del despojo y abarcaban desde las lejanas punas hasta las quebradas más profundas.  Mucho antes, después de la caída del Tawaintisuyu, los encomenderos españoles, principalmente los curas, se repartieron regiones enteras, donde ellos gobernaban, mataban, robaban.

Los tiempos han cambiado desde Velasco. Los dueños y señores de las tierras han desaparecido en la sierra (en la costa siguen, como menciono en mi libro Allin Kawsay y el poder en el Perú), pero con Fujimori surgió un nuevo tipo de hacendados: los dueños de las concesiones mineras, en su mayoría extranjeros. Si antes eran dueños del suelo, ahora se creen dueños del subsuelo, donde se encuentra la mayor parte de la riqueza de los pueblos. Una buena parte de Apurímac se encuentra concesionada. No hubo consulta a los comuneros. A otros pueblos entraron comprando conciencias con gaseosa, pollos, panes, frutas, o sobornando a sus autoridades.

Hace algunos meses hubo una revuelta en Puno, dirigida por Walter Aduvire, donde se canceló la concesión de la minera Santa Ana, estableciéndose además que habrá consulta previa a los pueblos aimaras para la admisión de petitorios mineros.

La pregunta que se hacen los comuneros de Apurímac en estos días es: ¿y por qué sólo Puno puede cancelar las concesiones mineras y por qué no Apurímac y otras regiones del país? En todo caso, ¿por qué los comuneros no entran como accionistas de los grandes proyectos mineros de Apurímac, como Xstrata, y otras regiones? ¿Por qué los verdaderos dueños de la casa, los comuneros kechwas, deben ser expulsados del banquete y esperar, lejos, que los nuevos amos del Perú, las transnacionales, les tiren por caridad algún huesito en nombre de canon y regalía?

Las transnacionales Xstrata, Antares, Ares, Apurímac Ferrum y Southern son algunos de los grandes proyectos mineros que, en un tiempo no tan largo, saquearán los recursos de esta región empobrecida. No sólo la saquearán: borrarán del mapa a muchas comunidades, como ya viene sucediendo con la comunidad indígena de Ccahuapirhua (cerca del proyecto Las Bambas y Antares), cuyo título de propiedad viene del siglo XVIII.

 Precisamente Ares, Xstrata Tintaya, Antamina, Yanacocha, Barrick, Cerro Verde, Los Quenuales, Milpo, Southern,Volcán, Doe Run y Santa Luisa y Ares, sólo en los años 2004, 2005 y 2006 evadieron abonar regalías al Perú por valor de 357 millones de dólares basándose en contratos denominados de “estabilidad tributaria”. ¿Y las comunidades no tienen estabilidad?

En los próximos días se realizará una serie de reuniones en todas las provincias para evaluar una movilización de las comunidades con el fin de cancelar las concesiones mineras en Apurímac. Esperamos que salga algo bueno de esas reuniones.

sábado, 3 de septiembre de 2011

“China ya es el primer socio comercial del Perú”
Entrevista al ingeniero Harry Chang, director de Facilitación y Promoción de la Inversión de Proinversión, acerca de la V Cumbre Empresarial China-América Latina.

 
Por Juan Carlos Lázaro | Integración  N° 14  Lima, julio 2011.

¿Cuál será el tema de la V Cumbre Empresarial China-América Latina?
-La quinta Cumbre Empresarial China-América Latina, que se realizará en Lima los días 21 y 22 de noviembre de este año, buscará básicamente generar un área de sinergias entre empresarios chinos y latinoamericanos. Su tema será el del crecimiento con inclusión social. Su dinámica se desarrollará en torno a tres actividades: un foro empresarial (con ponencias de temas técnicos por el lado latinoamericano y de exportaciones por el lado chino), una rueda de negocios y un desayuno empresarial.

¿Quiénes expondrán en este certamen?
-La organización de la Cumbre está a cargo de un equipo multisectorial entre los que figuran representantes de la Cancillería, de Comex-Perú, de la Cámara de Comercio de Lima, de Promperú y de Proinversión. Aún no se ha definido quiénes serán los expositores.

¿Qué diferenciará a la anterior Cumbre de Chengdu (China, 2010) de la que se realizará en noviembre?
-En la anterior Cumbre de Chengdu se mostraron las potencialidades de América Latina para el crecimiento de las inversiones chinas. Ahora se buscará darle más importancia a este crecimiento, pero con inclusión social.

¿En cuánto se calcula el número de empresarios participantes?
-En cada una de estas cumbres, cuyas sedes se alternan cada año entre China y América Latina, participan alrededor de 2.000 personas. Igual será esta vez. De China vendrán unos 400 empresarios, de América Latina más de 300 y del Perú también participarán más de 300.

¿Cuál es la importancia de un certamen de este tipo para el Perú?
-Si bien la Cumbre es para toda América Latina, permitirá al Perú, como país anfitrión, mostrar sus diferentes oportunidades para la inversión. En los últimos años China ha invertido en el Perú en minería, productos hidrobiológicos, productos forestales, etc. Pero ahora podemos ofrecer más oportunidades de inversión en construcción, infraestructura, productos con valor agregado, productos alimenticios; también en petroquímica, en metalmecánica. Es decir, podemos mostrar al Perú como el país hub de América Latina para los negocios con China.

De hecho, las inversiones chinas se incrementarán en los próximos años…
-Actualmente China es el primer socio comercial del Perú. Desplazó de ese lugar a los Estados Unidos. Las últimas cifras indican una relación comercial entre Perú y China de US$ 5.300 millones aproximadamente. Y se espera que esta cifra se incremente, porque China no va a parar de crecer. Crecerá más, más y más, y seguirá demandando más productos, no sólo del Perú sino de todas partes del mundo.

Ud. estuvo en China hace poco tiempo. ¿Cuál fue su misión allá?
-Fui a participar en un road show y a reunirme con empresarios chinos para mostrar las oportunidades de inversión del Perú, tanto de los proyectos que manejamos desde Proinversión (tenemos 7.000 millones de dólares por compromisos de inversión en proyectos por concesionar) como las oportunidades que ofrece el Perú en diferentes sectores. Hemos tenido muy buena recepción por parte de las empresas chinas. Hemos estado en Beijing, Shangsha y Shangai haciendo estas presentaciones. En cada una de las sedes hubo alrededor de 100 empresas muy interesadas. Muchas están pensando visitar el Perú para explorar in situ estas oportunidades.

¿Se mantendrá ese interés con el cambio de gobierno?
-Hubo algunas preguntas sobre cuál va a ser el manejo económico del país (con el nuevo gobierno). Son preguntas muy adelantadas porque todavía no lo sabemos, pero mostraron (los empresarios chinos) que siguen teniendo interés en el Perú a pesar del cambio de gobierno. Mantienen la confianza en el país. Esto es lo más importante y lo que hemos tratado de transmitir: que se seguirán respetando las reglas. No queremos perder esa confianza que tanto ha costado crear.

¿En cuánto han crecido las inversiones en el Perú?
-Las inversiones privadas representan más o menos el 20 por ciento del PBI nacional y las inversiones públicas más o menos el 6 por ciento. Estamos hablando de un total de 26 por ciento de todo lo que se llama inversión como porcentaje del PBI. En los últimos años, el Perú tenía un promedio total de inversión pública y privada de aproximadamente 10 por ciento del PBI, y en los últimos 10 años ha mantenido un ritmo de crecimiento total por encima del 20 por ciento. Se dice que con un promedio anual del 6 por ciento, el nivel de inversión pública y privada debería estar por encima del 20 por ciento del PBI. La idea es mantener este ritmo de crecimiento y desarrollarlo.

¿Desde cuándo empezó a crecer económicamente el Perú?
-Esto no fue de un momento a otro. Viene desde los años 90, cuando se hicieron muchos cambios de orden legal y de condiciones (para las inversiones) que se han sostenido en el tiempo. Los diferentes gobiernos han manejado separadamente la agenda técnica-económica de la agenda política y social. Este ha sido uno de los éxitos del país en los últimos años y que los inversionistas extranjeros vieron como buena señal. Llevamos 20 años con estas políticas. Esto te crea confianza. Esto te da predictibilidad. Esto te da oportunidad en cuanto a mercado y recursos que puedes aprovechar. Es cuando se comienza a apostar por el país. Esperamos que esto continúe, que se siga este rumbo en el manejo técnico, independiente de la parte económica, y con mayor inclusión social.

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